Palm Beach Club «Sant Feliu De Guixols»Dirección de Arte, Identidad Visual & Entorno Digital

Se consolidó como uno de los espacios más emblemáticos de la escena electrónica en Cataluña, no solo por su ubicación única frente al mar, sino por su capacidad para construir una programación con identidad propia, reuniendo a algunos de los nombres más relevantes del circuito internacional. Durante ese periodo, Palm Beach Club desarrolló un lenguaje propio, generando una conexión directa con el público a través de una propuesta coherente y en evolución constante.

El club apostó por una línea claramente orientada a la vanguardia electrónica, incorporando propuestas de techno y house avanzadas y alejándose de fórmulas previsibles. Esta visión permitió introducir nuevos códigos dentro del contexto local, conectando con corrientes más próximas al circuito underground y a plataformas como Sónar, y posicionándose como un espacio activo dentro de una escena en transformación.

Más allá de un club, funcionaba como un entorno donde música, contexto y experiencia se integraban de forma natural, generando una identidad propia que no solo respondía al momento, sino que contribuía a definirlo.

Mi implicación dentro de Palm Beach Club fue total, formando parte activa en la construcción del proyecto desde su identidad visual hasta su desarrollo en el entorno digital.

Desarrollé la dirección de arte y todo el sistema gráfico del club, incluyendo la creación de carteles, comunicación de eventos y soportes físicos, manteniendo una coherencia visual constante a lo largo del tiempo.

Paralelamente, formé parte del proyecto como DJ residente, colaborando con el equipo y la dirección en la definición de una programación sólida y alineada con una escena electrónica más avanzada y exigente.

La programación del club reflejaba esta misma coherencia, combinando talento local con figuras clave del circuito internacional, como en el caso de la sesión especial con Ángel Molina como headliner.

Este tipo de eventos reforzaban el posicionamiento del club y consolidaban una línea artística conectada con la vanguardia electrónica, generando una propuesta reconocible dentro de la escena.

A nivel visual, cada pieza gráfica funcionaba como una extensión directa de esa identidad, construyendo un sistema donde música e imagen avanzaban en paralelo con un lenguaje propio.

A lo largo de su trayectoria, el proyecto fue reuniendo a una amplia diversidad de artistas, consolidando una programación que reflejaba tanto la evolución de la escena como su conexión directa con el circuito internacional.

Esta continuidad permitió construir una línea coherente en el tiempo, donde cada incorporación sumaba dentro de un criterio claro, generando una propuesta reconocible y alineada con una visión artística definida.

Dentro de este recorrido, nombres como Jeff Mills, Luke Slater u Óscar Mulero marcaron algunos de los momentos más representativos, reforzando el posicionamiento del club dentro de una escena exigente y en constante evolución.
Más allá de los artistas, el proyecto consolidó una comunidad real en torno a la música, donde cada sesión formaba parte de una historia compartida que trascendía la propia pista.

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